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Original Web

Redefinición de nuestra vida impulsada por Dios

Del número de octubre de 2021 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana

Apareció primero el 20 de mayo de 2021 como original para la Web.


Vivimos en una época fértil para las definiciones, ya que nos vemos obligados a repensar cuestiones importantes, incluso universales, a escala mundial. Se plantea la pregunta: “¿Cuál es la verdad?”, debido a la proliferación de desinformación, maniobras políticas e incertidumbre sobre en quién y en qué se puede confiar. Las preocupaciones actuales relacionadas con el COVID-19 y sus variantes generan el interrogante: “¿Qué es lo que, en última instancia, produce y mantiene la salud?” Y para muchos, la pandemia ha cambiado notablemente la forma en que vivimos, trabajamos, vamos a la escuela, viajamos y mantenemos las conexiones sociales. También ha puesto de relieve las desigualdades. Por lo tanto, también podemos preguntarnos: “¿Qué es lo que realmente importa en la vida?”. Hay un anhelo cada vez mayor por algo más elevado y más seguro de lo que puede lograrse mediante un reordenamiento de las políticas humanas y las creencias materiales, biológicas y psicológicas. 

Buscar respuestas desde una perspectiva diferente ha motivado a una gran cantidad de personas a explorar los preceptos espirituales y cómo pueden conducir a soluciones transformadoras. Y muchas de ellas han descubierto que el punto de partida para encontrar soluciones es nuestro concepto y comprensión de Dios. ¿Es nuestro concepto acerca de Dios que no existe tal poder superior o que Él es un súper humano misterioso que periódicamente distribuye favores? ¿O Lo percibimos como el único creador de todo, quien es la Vida, la Verdad y el Amor infinitos como se explica en la Ciencia Cristiana? 

Mary Baker Eddy, una profunda pensadora espiritual y reformadora, y la Descubridora de la Ciencia Cristiana, comprendió que nuestras ideas sobre la divinidad moldean nuestra vida. Ella escribió: “Una concepción mortal, corpórea o finita de Dios no puede abarcar las glorias de la Vida y del Amor ilimitados e incorpóreos. De ahí el insatisfecho anhelo humano por algo mejor, más elevado, más sagrado, de lo que proporciona una creencia material en un Dios y un hombre físicos” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 258). Así como una visión finita de Dios puede llevar a la aceptación de circunstancias limitadas y al anhelo de algo más, una percepción espiritual de Dios como el bien infinito abre nuestros ojos a posibilidades ilimitadas y genuinamente buenas. En la medida en que aceptamos la omnipotencia de Dios como la fuente de todo lo bueno y perdurable, tomamos consciencia del bien en nuestras vidas y en el mundo que nos rodea. Es esta comprensión del Dios viviente, y de nuestra relación con la Deidad como hijos de Dios, hechos a Su imagen y semejanza, lo que trae soluciones sanadoras.

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