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Un día, al dejar caer una tetera de plata, se...

Del número de julio de 1950 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Un día, al dejar caer una tetera de plata, se le rompió el mango, que era de ébano. Mientras trataba de componerlo, se me resbaló el destornillador, introduciéndoseme en la palma de la mano izquierda. El dolor que me produjo fué intenso, brotó mucha sangre, y tuve la impresión de que se me había paralizado todo el brazo.

Cuando recobré el sentido advertí que estaba repitiendo una parte de la “declaración científica del ser” (Ciencia y Salud, por Mrs. Eddy, pág. 468): “No hay vida, verdad, inteligencia ni substancia en la materia. Todo es la Mente infinita y su manifestación infinita, porque Dios es Todo-en-todo.” Tan pronto como llegué a las palabras: “Todo es la Mente infinita”, el dolor cesó y la herida dejó de sangrar. Me lavé las manchas de sangre y con eso terminó el asunto, salvo que continuamente se presentaba una serie de sugestiones agresivas mentales que me decían: Debes de haberte cortado una arteria; tendrás que ponerte una venda; no podrás hacer uso de esa mano mañana, y otras cosas por el estilo. Así es que le pedí a mi esposa que me ayudara, y juntos revocamos cada una de estas sugestiones con declaraciones de la verdad. En consecuencia, el incidente se desvaneció como un sueño, sin dejar rastro alguno. Al día siguiente pude hacer un viaje de 60 kilómetros para presenciar una procesión cívica, estando la mano y el brazo completamente normales en todo sentido. Al otro día pude jugar al golf.

Qué maravilloso es saber que, gracias a Mrs. Eddy, nos es posible poseer en todo momento la comprensión de la gracia de Dios que nos da la seguridad de que, aun cuando el error momentáneamente tratara de sugestionarnos y hacernos creer en una calamidad cualquiera, en seguida podemos recurrir a nuestra comprensión del Espíritu y así librarnos. Otro punto que quisiera señalar es que cuanto más rápidamente atacamos y rechazamos las falsas pretensiones del error, tanto más satisfactorios y rápidos serán los resultados. En fin, la verdad es que “Sólo por medio de una confianza radical en la Verdad puede realizarse el poder científico de la curación” (ib., pág. 167).—

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