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Para niños

¡Salgamos de aventura!

From The Herald of Christian Science - February 22, 2021


Charlie estaba enojado. Todo el mundo debía quedarse en casa. Tenía que estar callado, y durante el día, dejar a sus padres tranquilos mientras trabajaban. A él le encantaba jugar videojuegos en su computadora, pero no le gustaba que no hubiera mucho más para hacer. Tantos lugares estaban cerrados debido a la pandemia. No podía ir a la escuela ni jugar con sus amigos. 

La única vez que las cosas estuvieron bien fue cuando su abuela vino a estar con él. La abuela sabía que estaba enojado y trató de hablar con él sobre Dios y cómo Dios cuidaba a todos, incluso a Charlie. Pero lo único que Charlie podía pensar era en que ya no había nada divertido que hacer. 

Un día, su abuela le preguntó si quería salir de aventura. Charlie pensó que eso era genial. Quería hacer algo divertido. Así que su abuela comenzó a contarle acerca de lo que ella llamó una “aventura divina”. Dijo que él podía salir en ese mismo momento. 

—¿Cómo? —preguntó Charlie. 

—Cierra los ojos —le dijo—. Imagínate que estás en una cápsula espacial.

Ella le contó que las cápsulas espaciales siempre reciben comunicaciones de la nave nodriza. Como esta era una aventura divina, la “nave nodriza” era Dios; Dios siempre nos está dando buenos pensamientos, y Charlie los recibiría. Charlie había aprendido esto en la Escuela Dominical de la Ciencia Cristiana. Podía reconocer los pensamientos de Dios porque lo hacían sentir bien en vez de mal, feliz en vez de enojado. Los pensamientos de Dios también son generosos. Nos inspiran a pensar en los demás y a expresar la bondad de Dios a todos, en todas partes.  

La abuela le dijo a Charlie que en su cápsula tenía todo lo que pudiera necesitar. Dios, por ser la nave nodriza, le estaba proporcionando amor y se comunicaba constantemente con él y lo cuidaba. El trabajo de Charlie era expresar a Dios e irradiar amor dondequiera que lo mandaran. Charlie pensó que eso sonaba divertido: volar a través del universo en su propio transbordador, totalmente a salvo. 

La abuela le dijo que mientras volaba durante el día, podía escuchar las instrucciones de la nave nodriza. Así es como obtendría sus misiones. También le dijo que serían misiones importantes que solo él podía cumplir. Él era muy necesario. El amor era muy necesario.

Así que cada mañana Charlie se despertaba y “hablaba por radio” a la nave nodriza —oraba y escuchaba a Dios— para saber cuál era su tarea para ese día. Él preguntaba dónde se necesitaba amor. 

Charlie tuvo que realizar muchísimas misiones geniales. Sacó a pasear al perro. Escribió a otras personas confinadas en sus casas. Y mientras continuaba sus misiones, ya no estaba enojado. La aventura divina lo llevó a nuevos lugares en sus pensamientos donde nunca antes había estado. ¡Y eso fue realmente divertido!

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Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, July 7, 1956

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