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En medio de la conmoción, reclama tu dominio espiritual

From the June 2022 issue of The Herald of Christian Science

Apareció primero el 17 de enero de 2022 como original para la Web.


Hace un tiempo, la empresa donde trabajaba fue repentinamente adquirida por un rival. Cuando aparecieron los nuevos empleados, que antes formaban parte de la competencia, parecía una invasión, como si estuviéramos dominados. 

Durante este período, los rumores de posibles descensos por represalia, recortes salariales y pérdidas de empleos mantuvieron a mis colegas conmocionados. Las reuniones de personal semanales, que antes habían mostrado confianza, camaradería y productividad, ahora se habían vuelto temerosas, carentes de progreso y éxito. En lugar de trabajar productivamente, mis colegas —tanto antiguos como nuevos— estaban inquietos y ensimismados, y abundaban los chismes.

Desde el principio reconocí esta repentina conmoción en mi carrera como una oportunidad para crecer espiritualmente. A través de la oración y el estudio constantes —que incluían mi ancla, la Lección Bíblica semanal del Cuaderno Trimestral de la Ciencia Cristiana— tuve la certeza de que en realidad era Dios, el Amor divino, el que tenía el control de mi carrera y la de todos, en lugar del azar o la voluntad humana. Si bien era tentador sentirme abrumada o superada por la situación, había aprendido a confiar en la guía amorosa de Dios en cada detalle de mi vida. Había aprendido algo sobre el dominio espiritual.

Este dominio es una autoridad que expresa a Dios y podemos ejercer en nuestra vida. Es un tema frecuente en toda la Biblia, comenzando en el primer capítulo del Génesis, donde Dios le dio al hombre dominio (señorío) sobre “toda la tierra” (versículo 26), sobre todo lo que ocurre en nuestra experiencia. Lo bueno es que todo el mundo tiene dominio en este momento, en este mismo minuto. Siempre lo hemos tenido. Allí donde estamos, somos libres de reclamar el dominio que Dios nos ha dado, por más turbulentas que puedan parecer las cosas.

Al escuchar constantemente la “voz callada y suave”, podemos sentir el empuje ascendente del Espíritu.

¿Cómo? La clave es escuchar humildemente la “voz callada y suave” de la Verdad, Dios, y seguir esta guía. Esto es algo que quizá hayas hecho sin siquiera darte cuenta, al aceptar nuevas ideas, intuiciones o sentimientos espirituales. He descubierto que cuanto más escucho y obedezco conscientemente las serenas directivas de Dios, más dominio expreso en aplomo, consideración, diligencia, y así sucesivamente. En lugar de dejar que las reacciones precipitadas me dominen, recurro mentalmente a Dios, quien está presente, y es poderoso y supremo sobre todo. Entonces escucho humildemente la guía divina y sigo el liderazgo del Amor. Esto es dejar que se haga la voluntad de Dios. Este es el dominio espiritual.

Y Jesús lo evidenció poderosamente. Demostró el dominio que Dios le ha dado constantemente al hombre sobre la conmoción, el pecado, la enfermedad e incluso la muerte. Demostró la totalidad del Espíritu divino, Dios, y la irrealidad de la vida material o la dominación de la materia. Hablando de las enseñanzas de Cristo Jesús, Mary Baker Eddy, la Descubridora y Fundadora de la Ciencia Cristiana, escribe: “Enteramente separada de la creencia y el sueño de la vida material, está la Vida divina, revelando la comprensión espiritual y la consciencia del señorío del hombre sobre toda la tierra. Esta comprensión echa fuera el error y sana a los enfermos, y con ella puedes hablar ‘como quien tiene autoridad’” (Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, pág. 14). Así como los seguidores de Jesús en la Biblia encontraron autoridad sobre la discordia, nosotros hoy podemos ejercer nuestra autoridad divina y encontrar paz y dominio espirituales.

Nuestro punto de partida en la Ciencia Cristiana es que Dios contempla la única y sola creación espiritual y está muy complacido con su bondad. La Ciencia divina revela esta perfección primigenia como el hecho eterno del ser del hombre, sin huecos, lapsos, vacíos o agujeros. Nada ni nadie puede estar fuera de lugar, extraviado, desplazado o ser reemplazado. Sólo el Espíritu perfecto, junto con su creación perfecta, llena la inmensidad y se despliega continuamente en la ininterrumpida y siempre provechosa actividad del bien. Y dado que el Dios omnipotente es el bien infinito, no hay lugar donde el mal pueda controlarnos. 

Al principio esto puede parecer increíble, hasta que el sentido espiritual de la infinita bondad y omnipotencia de Dios, ilustrado a lo largo de la Biblia, revela que es un hecho. Y los hechos espirituales pueden ser demostrados como verdaderos, constantemente. La admonición de Pablo en Romanos es: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (12:21). El dominio que Dios nos ha dado nos da poder para vencer el mal con el bien, y no ser dominados.

Durante este período oré fervientemente para hacer precisamente eso: superar la pretensión de que el mal domina nuestras carreras, al comprender espiritualmente el gobierno sabio y amoroso de Dios. Cada día me sentía fortalecida y renovada, enfocada y lúcida, agradecida de saber que Dios guiaría infaliblemente a todos los interesados. Trabajé con diligencia y continué haciendo un genuino progreso en mis proyectos, presentando fielmente informes en las reuniones de personal semanales. Mi gerente se dio cuenta, al igual que mis colegas. Yo sabía con certeza que Dios, que nos ama profundamente a cada uno de nosotros, tenía el control y que todo estaba bien y continuaría así, sin importar lo que decidiera la gerencia. Fui guiada a compartir con alegría la sencilla, aunque poderosa verdad espiritual del amoroso control de Dios con aquellos que me preguntaron cómo podía mantener la calma en medio de la adquisición.

Al obedecer las intuiciones espirituales que me vinieron durante este tiempo, todos los intentos de eliminarme como empleada fracasaron. Mediante la guía de Dios, incluso fui guiada a rechazar una promoción, lo que más tarde resultó en que habría significado perder mi trabajo. Finalmente, mi departamento fue reestructurado. Un grupo fue despedido, pero todos los demás permanecieron, con los empleos y sueldos intactos.

Esta experiencia me enriqueció con sus numerosas lecciones. Al escuchar constantemente la “voz callada y suave”, podemos sentir el empuje ascendente del Espíritu a medida que nos impulsa, sostiene, guía y protege. Verdaderamente Dios está obrando en nosotros, y nos ha dado dominio.

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Mary Sands Lee, Christian Science Sentinel, July 7, 1956

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